Promoción de la salud cardiovascular.

Palabras claves:

Promoción de la salud cardiovascular. Adopción de hábitos cardiosaludables. Enfermedad neurodegenerativa.

 

Resumen:

La enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en el mundo, y su impacto está siendo especialmente devastador en países de rentas medias-bajas. La combinación de factores como la urbanización y sus efectos derivados, como la obesidad, el sedentarismo, los cambios en hábitos dietéticos y el tabaquismo, se han combinado para situar la enfermedad cardiovascular en esa posición. Dado el enorme alcance de este problema y la complejidad de sus causas, que incluyen factores culturales, sociales, políticos y sanitarios, la estrategia para combatir la enfermedad cardiovascular a escala global debe ser igualmente sofisticada e integral. Como la exposición a los factores de riesgo cardiovascular se da desde edades tempranas, se debe expandir y ajustar esta estrategia a lo largo de la vida del individuo. Por ello, es necesario centrar los esfuerzos no solo en el tratamiento de la enfermedad y la prevención cardiovascular, sino también en la promoción de la salud y la prevención primordial.

Fuente:

– Cardiovascular Institute, The Mount Sinai Medical Center, Nueva York, Estados Unidos

– Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), Madrid, España

Sedentarismo vs. tabaquismo.

La inactividad mata tanto como el cigarrillo

Un nuevo estudio realizado en Gran Bretaña afirma que la falta de ejercicio está provocando tantas muertes como el fumar en todo el mundo.

El informe estima que alrededor de un tercio de la población británica no está practicando suficiente actividad física, lo cual significa que provoca 5,3 millones de muertes por año. Eso equivale a alrededor de una en diez muertes provocadas por enfermedades como cardiopatías, diabetes y cáncer de mama y colon. Los investigadores dicen que el problema es tan agudo que debe ser tratado como una pandemia y piden que los gobiernos informen al público sobre los peligros de la inactividad en lugar de enfocarse tanto sobre las ventajas de mantenerse activo.
Los investigadores recomiendan 150 minutos por semana de ejercicio moderado, como caminar rápidamente, andar en bicicleta o trabajar en el jardín. Admiten que las comparaciones entre países son difíciles porque la inactividad se calcula en formas diferentes según los lugares. No obstante, dicen que las conclusiones generales son igualmente válidas.
Algunos científicos objetan que se ponga en pie de igualdad el fumar con el sedentarismo. Si bien ambos hábitos matan a un número de personas más o menos equivalente, el número de fumadores es muy inferior al de la gente inactiva, lo cual convierte al cigarrillo en algo mucho más peligroso para el individuo.

 

 

 

 

 

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¿Es necesario ser asesorado por un profesional del ejercicio?

8 septiembre, 2014

Se les conoce como gurús o grandes maestros del fitness que convierten a las estrellas en personas delgadas, hermosas y musculosas. Sin embargo, los entrenadores personales o profesionales del ejercicio, no pertenecen exclusivamente al mundo glamoroso de los famosos. También trabajan con cualquier persona que quiera mejorar su bienestar físico.

«En los años 90 nació la tendencia a solicitar atención personal a un entrenador deportivo», nos comenta el Profesor Adolfo Resnik, experimentado entrenador personal.  Actualmente, los clientes de centros de fitness pueden solicitar también los servicios de un entrenador personal, modalidad que se ha masificado.

El alumno, muchas veces es alguien cuya jornada laboral deja poco tiempo para el deporte y que quiere en determinados momentos hacer deporte o ejercicio físico de forma flexible, orientado y controlado. Son personas que no pueden motivarse bien a sí mismas y que necesitan a alguien que les estimule, nos comenta el Profesor Resnik.

Algunos solo quieren instrucción y realizar los ejercicios de un programa de fitness o sugerencias para nuevos ejercicios durante un par de semanas. Mucha gente quiere perder peso, desarrollar los músculos, prepararse para una maratón o hacer algo para resolver sus problemas de espalda, explica Resnik. La mayoría de los clientes acuden a nosotros con metas ambiciosas o por padecer fuertes dolores«, señala. La demanda ha crecido mucho en los últimos 20 años, y con ello el número de profesionales.

¿Cómo se distinguen entre ellos los entrenadores personales? »Es importante preguntar por su cualificación y experiencia profesional y pedir referencias«, recomienda el profesor Resnik, especialista en entrenamiento físico. Lo ideal es que el entrenador personal sea un licenciado en ciencias del deporte o pueda certificar una formación como profesor. También los fisioterapeutas, los profesores de educación física o de modalidad varias (clases grupales) cuentan con una base adecuada, considera el experto.

Sin embargo, una cualificación formal conseguida por medio del estudio y la formación no necesariamente garantiza que el entrenador personal sea bueno. »Y a la inversa, tener solo un certificado como entrenador no necesariamente es una desventaja.

Una vez que se ha tomado contacto con un entrenador, lo habitual es solicitar una entrevista personal sin compromiso, que permite averiguar si el entrenador inspira confianza y simpatía. También hay que preguntar por los métodos que aplica el entrenador. Un buen entrenador personal pregunta al cliente por sus deseos y objetivos. De esta forma, las dos partes pueden hacerse un plan de cómo sería trabajar juntos.

Si el cliente decide contratar al entrenador, éste elabora un historial muy detallado: las preguntas sobre la edad, el peso y el objetivo del cliente se complementan con testeos físicos, chequeos médicos de rutina, y datos médicos. Cuanto más detallado es el historial médico y físico, tanto más detallado es el concepto individual que el entrenador puede diseñar.

Un buen entrenador personal corrige, optimiza, toma datos y supervisa el plan de trabajo diseñado.

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¿Estás seguro que te encuentras en Forma….?

Cuanto te despiertas por la mañana, seguramente te lavas…, te despiertas de apoco y luego ¿te sientes vital y energético, dispuesto a afrontar el nuevo día?, ¿o más bien, no tienes ni ganas de salir ….te sientes tan cansado como el día anterior, con dolores y sin ninguna ganas de levantarte y empezar el nuevo día?

Las personas, en su mayoría, piensan que están en forma, dado que pueden caminar mucho y estar más o menos ágil. Pero el concepto va mucho más allá, que la simple aceptación de que se está en forma porque se tiene ausencia de enfermedad. Según la Organización Mundial de la Salud, define la buena salud, como:
“Un estado completo de bienestar tanto físico y mental como espiritual, un equilibrio psicofísico y emocional, una condición en la que el individuo tiene suficiente energía y vitalidad para llevar a cabo las tareas diarias y que le quede energía de sobra para practicar actividades recreativas”.

¿Realmente este el concepto que tenían de la buena salud?, ¿siguen opinando que están plenamente en forma?
¿Cuánto flexo-extensión de brazos son capaces de hacer? ¿Pueden correr media hora sin parar? ¿Puedes subir 5 pisos de tu trabajo sin llegar exhausto? ¿Pueden dar un paseo largo bicicleta o nadar bastante ?. Si eres sincero contigo mismo; apuesto a que tu respuesta será ahora bien distinta, ¿o no?

Miren a su alrededor; la gente que anda por la calle, en los locales, en los bares.. ¿Te da la sensación de que están en forma?. Comprobarán que no es fácil encontrar a alguien en plena forma física, a alguien sano y lleno de vitalidad, con piel tersa, cuidada, unos ojos vivos y no cansados….y una postura erguida, no con hombros vencidos; alguien que irradie energía positiva y bienestar interior.

Muchos llevan un estilo de vida, que no respetan sus cuerpos. Cuando caminan o cuando están sentados, adoptan posturas dañinas para sus espaldas, para sus articulaciones.
Muchos se jactan de comer muy sano, pero verdaderamente se nutren..? Evitan comer comida basura, comen comida casera….? Vivimos en una sociedad donde todo va rápido, se come muy rápido, no se realizan correcta digestión, leemos rápido….interpretamos sin reflexión alguna….la comunicación también es muy rápida. No tenemos tiempo para nada, ni para dormir, ni para hacer ejercicio, ni para darle a nuestro cuerpo todo el cuidado que necesita. ¿Porque? Porque tendemos a olvidar, que tenemos unos músculos que nos permiten movernos. Consideramos el cuerpo como un mero apéndice de la cabeza; y apéndice a veces molesto. Mientras no nos enfermamos, y podemos seguir llevando a cabo nuestras tareas diarias, ir a la oficina, salir con los amigos, etc.; no nos acordamos de su existencia. Realizamos controles mecánicos en nuestros autos, pero nos enfurece chequearnos y controlar nuestro cuerpo con evaluaciones médicas

Las jaquecas inexplicables, las depresiones pasajeras, el malestar, son las pruebas más evidentes de que no estamos en forma. Se convierte el cuerpo en un depósito de estrés, depresiones y malvivir.

Les propongo parar un poco la vorágine cotidiana, y darse cuenta, que aunque crean estar en forma, lo más probable es que no lo estén y el hecho de que no a parezca síntomas de enfermedad no significa que disfrutan de una buena salud y claro está, que si llevas un estilo de vida nefasto y no tienes la más mínima intención de cambiarlo, solo es una cuestión de tiempo de que empiecen aparecer los síntomas de una enfermedad…..tarde o temprano esto ocurrirá.
Les digo que el cambio radica solo en ustedes….!!

Profesor Adolfo Resnik.

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Ansiedad y Ejercicio físico.

Desde diversas instituciones relacionadas con el ejercicio físico y la salud se insiste en los beneficios que éste tiene para nuestro organismo y en la necesidad de que actividades de este tipo formen parte de nuestros hábitos cotidianos.
Se sabe que la práctica regular de ejercicio físico contribuye a mejorar nuestro estado de ánimo y a aumentar la sensación de bienestar.
La práctica de ejercicio físico tiene un efecto beneficioso sobre la ansiedad y mejora el estado de ánimo. Los beneficios se aprecian tras una sesión puntual de ejercicio y también con la práctica regular de actividad física.
Los estudios que examinan la relación entre ejercicio físico y depresión concluyen que la práctica regular de actividad física tiene efectos antidepresivos.
Quizás el trastorno más estudiado al respecto es el trastorno de pánico. Muchas personas que padecen este trastorno tienen miedo de los síntomas físicos que acompañan a un ataque de pánico: taquicardia, hiperventilación, sudoración, etc. y se muestran hipervigilantes: están muy atentos a cualquier pequeña variación en su ritmo cardíaco, sudoración, respiración… Las personas que padecen ataques de pánico tienden a interpretar de forma errónea y catastrófica las sensaciones relacionadas con la ansiedad, considerando que esas sensaciones pueden ser perjudiciales a nivel físico. La práctica de actividad física supone la activación de todo el organismo y, con ello, la activación del sistema circulatorio, respiratorio, etc. Algunas personas con este trastorno, evitan realizar conductas que requieran esfuerzo físico (mantener relaciones sexuales, bailar o hacer deporte, por ejemplo) porque temen que tras un esfuerzo elevado puedan volver a tener un ataque. Nada más lejos de la verdad.
Varios trabajos científicos indican que los pacientes con trastorno de pánico pueden practicar ejercicio físico intenso con un bajo riesgo de experimentar un ataque de pánico. De hecho, diversos estudios recomiendan el uso terapéutico de la actividad física de forma complementaria a los tratamientos habituales o en aquellos pacientes que se muestran resistentes a los mismos (Salmon, 2001). En estos casos, no obstante es conveniente seguir las pautas programadas por un especialista.

Mecanismos psicológicos y biológicos asociados al ejercicio físico

Los mecanismos que podrían estar implicados en la relación entre ejercicio y ansiedad son principalmente biológicos y psicológicos. Probablemente, el ejercicio físico actuaría reduciendo los niveles de ansiedad a través de varios (y no sólo uno) de estos mecanismos.

 

Mecanismos psicológicos:

El ejercicio físico regular mejora el estado de ánimo. Diversos estudios han demostrado que facilita el manejo de emociones negativas como la ira y la rabia. Por otro lado, ayuda a mejorar la calidad del sueño.

Las personas que realizan ejercicio físico consiguen evadirse de sus preocupaciones o problemas durante la actividad. Mejora la sensación de fortaleza, de seguridad y de control sobre sí mismo y sobre el medio. En este sentido, el ejercicio físico ayuda a mejorar nuestra sensación de autoeficacia.

La práctica de ejercicio físico puede mejorar la autoestima. Los cambios en el cuerpo pueden mejorar nuestra imagen corporal y hacer que nos sintamos mejor con nuestro físico. Por otro lado, también puede aumentar el sentimiento de mayor dominio en habilidades y capacidad física.

Finalmente, la práctica de ejercicio físico puede ser una buena oportunidad de conocer y establecer relaciones con otras personas. Tener relaciones sociales puede ayudar en nuestro proceso de cambio, sirviéndonos de apoyo social, de distracción de nuestros problemas, de refuerzo, etc.

 

Mecanismos biológicos

El ejercicio físico mejora la regulación del sistema cardiovascular y respiratorio incidiendo sobre el sistema nervioso autónomo (SNA). Esta mejora podría incrementar la habilidad de nuestro organismo para modular nuestra reacción ante las demandas del medio. En un estudio realizado por Mussgay, Schmidt, Morad y Rüddel (2003) se apreció una disminución importante de la presión sanguínea y frecuencia cardíaca, en situación de estrés, mediante la práctica regular de ejercicio aeróbico. Los autores concluyen que la práctica de ejercicio podría mejorar el funcionamiento del SNA.

El ejercicio físico estimula el sistema inmunológico, ya que facilita la eliminación de sustancias nocivas del organismo, y propicia la regeneración del mismo. También favorece el incremento del número de linfocitos (glóbulos blancos) disminuyendo el riesgo de aparición de enfermedades.

La práctica de ejercicio físico produce a largo plazo un incremento de los niveles de noradrenalina, implicada en la respuesta del organismo al estrés, y de serotonina. El aumento de los niveles de serotonina a nivel cerebral puede contribuir a mejorar nuestro estado de ánimo y a reducir la ansiedad. Como se ha comentado en otros capítulos, los fármacos que inhiben la recaptación de este neurotransmisor (actúan aumentando su disponibilidad en el espacio sináptico a través del que se comunican las neuronas) reducen la sintomatología ansiosa y depresiva y son eficaces en prácticamente todos los trastornos de ansiedad. El ejercicio físico estimularía de forma natural la disponibilidad de este neurotransmisor. Asimismo, también está implicado en la reducción de niveles de cortisol, hormona que participa en la respuesta del organismo al estrés.

El ejercicio físico estimula la glándula pituitaria, para la producción de endorfinas. Las endorfinas son hormonas vinculadas a funciones de neurotransmisión, implicadas en la regulación del dolor y la sensación de bienestar. La estimulación natural de este sistema mediante el ejercicio físico puede provocar analgesia (menor sensación de dolor) y mejorar el estado de ánimo por sus efectos euforizantes y relajantes. Por este motivo, se aconseja, también, practicar ejercicio físico a las personas que padezcan enfermedades que cursen con dolor: artritis, fibromialgia, etc.

 

 

¿Cuánto ejercicio físico es necesario?

Como norma general, se puede concluir que cualquier tipo de actividad física, por pequeña y corta que sea, resulta beneficiosa para nuestra salud. Existen muchos trabajos que han examinado cuánto ejercicio físico es necesario para observar cambios importantes en los niveles de ansiedad. Si bien los datos no son concluyentes, se recomienda:

 

– Que las personas practiquen actividad física vigorosa de forma regular.

– Que realicen más de una actividad, practicando tanto ejercicios de tipo aeróbico (nadar, correr, ir en bici) como anaeróbico (pesas, flexiones, estiramientos…).

– Es importante remarcar, a este respecto, que los estudios revisados consideran que el ejercicio físico de tipo aeróbico resulta más beneficioso en la reducción de la ansiedad que el anaeróbico.

 

Las actividades físicas elegidas deben ser agradables y placenteras, es el modo de conseguir que se practiquen de forma habitual.

Practicar ejercicio de intensidad entre moderada y elevada tres veces a la semana durante 20-30 minutos puede reducir el nivel de ansiedad. 20-30 minutos de ejercicio moderado puede suponer, por ejemplo, ir caminando de forma rápida hasta el lugar de trabajo, o bajarse unas parada antes del autobús y realizar a pie el último tramo de nuestro recorrido. Esta actividad, que podría convertirse en una práctica habitual y saludable para nuestro organismo, se puede complementar con un partido de baloncesto semanal con los amigos, o con una visita al gimnasio un par de veces a la semana, o con una tabla de ejercicios en casa mientras escuchamos nuestra música favorita. La idea principal que se pretende transmitir con estos ejemplos es que el ejercicio físico debe formar parte de nuestra vida cotidiana, y para ello nada mejor que intentar adaptarlo a nuestras necesidades y costumbres. Sólo de este modo conseguiremos practicarlo de forma regular.

 

Una última recomendación: es importante que las personas que padezcan algún problema físico consulten con su médico acerca del ejercicio más adecuado.

Aca termina la nota.